El efecto kruger-dunning

Aún recuerdo la tarde que estando en la cafetería de la facultad de CC Químicas, un compañero y yo empezamos a bosquejar en broma una ridícula teoría acerca del conocimiento y la percepción que los profesores tenían sobre cuánto de él se encontraba en la cabeza de sus alumnos. Siguiendo con el cachondeo, definimos el nivel de conocimiento como una parábola en la que al aumentar el conocimiento de una materia, van aumentando las dudas hasta llegar a un punto máximo, en el que las dudas que se tienen comienzan a disminuir.

Más tarde empezamos a retocar la teoría, pues dedujimos que, en realidad, las dudas nunca tienden a cero, más bien al contrario, cuanto más sabes, más dudas te planteas, siendo esas dudas las que empujan la ciencia y en general, cualquier forma de progreso.

El propósito de la teoría era determinar el modo en que un profesor evalua a un alumno, estableciendo que realmente, lo que hace es trazar una línea recta que corta la parábola de conocimiento en dos puntos, uno en el lado del alto conocimiento y otro en el de bajo conocimiento. De lo que se trataba era de discernir en qué lado de la curva se encontraba el alumno y por tanto, si aprobaba o no.

La tontería no llegó más lejos, obviamente, y no he vuelto a recordar esa loca teoría durante años, pero hace poco me ha venido a la cabeza a propósito del llamado efecto Dunning-Kruger.

En 1999, un profesor de Psicología de la universidad de Cornell, David Dunning y uno de sus alumnos, Justin Krugger iniciaron un estudio que trataba de llegar a algunas conclusiones acerca de una idea un tanto absurda a primera vista: ¿Hasta qué punto el desconocimiento puede afectar a tu percepción del conocimiento? o dicho de otra manera, ¿es posible que los incompetentes sean ciegos a su incompetencia y los competentes a su propia competencia?

El estudio se llevó a cabo con alumnos de Cornell a los que se les pidió una valoración de su propia competencia en diversos campos y luego eran sometidos a pruebas en esos mismos campos para evaluar sus conocimientos.  El resultado del estudio demostró que al aumentar la incompetencia, más nos cuesta ser conscientes de ella.

En el fondo, el resultado es perfectamente lógico y la demostración es que es fácil encontrar ejemplos que certifiquen que las personas más incompetentes suelen ser mucho más seguras, categóricas y simplistas que aquellas que se han formado en un ámbito del conocimiento, cuyas valoraciones suelen ser más comedidas, suelen dejar más margen de error y ser más cautas. En definitiva, cuanto más ignorantes somos más listos creemos ser.

DunningKrugerEffect

Todos estamos sujetos a este efecto en mayor o menor medida. El desconocimento nos hace tender a simplificar las cosas y a percibirlas como sencillas o dependientes de pocos factores. Solo el estudio permite percibir el desconocimiento previo y empezar a revelar los distintos factores y matices que antes nos estaban ocultos.

Evidentemente, el efecto Dunning-Kruger está modulado por el caracter de cada uno de nosotros, habiendo pues personas con más cautela o otras que se lanzan a la piscina sin pudor alguno.

El efecto Dunning-Kruger afecta al individuo, pero puede verse reforzado por las relaciones sociales. Así pues en un entorno donde se reunen varias personas con esquemas parecidos de conocimientos y opiniones, se produce un efecto de amplificación, al no encontrar divergencias ni confrontación de ideas que permitan al menos plantearse contradicciones.

Las redes sociales e internet no han hecho sino acelerar y acentuar el efecto Dunning-Kruger. En efecto, nuestras búsquedas y fuentes informativas suelen estar dirigidas en el sentido de nuestra opinión: escuchamos, leemos y nos informamos con medios que más o menos coinciden o van en la dirección de nuestra forma de ver el mundo, (la llamada burbuja de filtros), con lo que se produce un refuerzo de nuestra percepción, aun cuando en ocasiones esté formada en función de nuestra incompetencia.

Además, las redes sociales promueven un ambiente en el que buscamos los “me gusta”, que refuerzan nuestras ideas, lo que nos llevan a entornos de pensamiento endogámicos.

Así pues, pensemos, valoremos, seamos cautos y no radicalicemos el discurso en ningún ámbito. Debemos mostrarnos siempre abiertos a nuevos puntos de vista, a nuevas soluciones o a nuevas explicaciones pero siempre con espíritu crítico. Al fin y al cabo, lo conveniente es abrir tu mente, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro.

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